Empecé a hacer lo mismo que el me hizo

Empecé a hacer lo mismo que el me hizo

Cómo nos conocimos

Lo conocí cuando ambos teníamos 19 años, en el salón de Verano de matemáticas. Los dos habíamos reprobado el semestre.

Él era tipo misterioso, muy reservado con sus cosas. Tenía amigos pero ellos ya se habían acostumbrado a que era callado y hasta un poco raro.

Empecé a tener conversaciones interesantes con el. A él le gustaba contarme cosas curiosas y me gustaba aprender de él.

Era de esas personas que no intenta caerle bien a nadie y que al mismo tiempo puedes tener pláticas muy interesantes. Era culto y estar con el me hacía sentir culta.

Fue mi primer novio después de una relación larga. Tenía mucho sin estar en una relación seria.

Detectando señales

La primera banderita roja fue cuando empezó a pedirme mi ubicación TODO EL TIEMPO.

Al principio me saqué de onda, pero él me decía que “se preocupaba por mi”. Al principio pensé que era romántico.

Después se puso raro cuando no contestaba en seguida. Si me tardaba 5 minutos en contestar, era seguro que estaría enojado y marcando a mis amigos.

Me empezó a preguntar por mis amigos y mi familia de una manera… no sé cómo explicarlo… de manera sospechosa.

Me preguntaba a qué se dedicaban mis amigos, cómo los había conocido, de dónde eran.

Las inseguridades salieron a flote.

Yo siempre he sido de las que se visten con mucho estilo, tirandole a lo Kich. Me conoció vestida siempre extravagante, com prints de animales y botas militares, siempre maquillada y peinda.

El colmo de las banderitas rojas fue cuando ¡comenzó a enojarse por arreglarme para ir a la escuela! Como si se pusiera celoso y protector de que me viera alguien más por cómo me visto.

Se volvió muy inseguro, aunque yo nunca di una razón para esto.

Nunca le fui infiel, nunca mentí, nunca coqueteaba ni me hablaba con nadie más.

Imitando personalidad

Me sentía encerrada pero al mismo tiempo segura… Como si el hecho de que fuera sobre protector me garantizaba que nunca me iba a pasar nada.

La cosa empeoró cuando yo jugué su juego. Me volví su espejo.

Si me pedía mi ubicación, yo pedía la suya.

Cuando no me contestaba en 5 minutos, yo armaba un escándalo.

O si no me contestaba, le llamaba y le decía que era porque me preocupaba…

Comencé a preguntar cosas como: “¿Por qué traes eso puesto?” “¿Quién es la que te saludo?” “¿Por qué esa niña te está viendo?

Creo que hasta ahora que lo escribo me doy cuenta de cómo lo imité. En el momento no se sintió cómo si fuera algo malo, solo quería que todo fuera “parejo”.

Si nos dejamos de hablar, ¿cortamos sin decirnos?

Terminamos separándonos poco a poco. Ninguno de los dos siguió intentando.

Empezamos a hablarnos menos, a vernos menos. Rara vez salíamos y era un poco forzado cuando pasaba.

La última vez que lo vi fue el día que cortamos oficialmente.

Después de eso me bloqueó de todas las redes sociales y lineas de mensajes. ¡Y que bueno que lo hizo1

Cambió su número y dejó de salir con los amigos que teníamos en común.

A pesar de todo, nunca deje de quererlo. Como desde el inicio de la relación todo fue así, no sentí cuando empezó a ser tóxico. SIEMPRE LO FUE!

Nuestra relación duró casi tres años.

A pesar de nuestras actitudes demandantes, no intenté alejarme de el mientras anduvimos. No pensaba en cortar, solo pensaba que era una fase y regresaríamos a ser felices.

Eso si, alejé mucho a mis amigos. Dejé de salir con todos y todas, y eso que era muy fiestera.

Nunca nos hemos vuelto a escribir.

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